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John Freeman, editor de Granta, y Santiago Roncagliolo sobre la nueva literatura en español

Por Laura Rodríguez

A quien no le gustaría saber quién será el futuro María Vargas Llosa o Roberto Bolaño.

La prestigiosa revista en inglés Granta acaba de dedicar su nuevo número a los que considera las próximas promesas de la literatura en español.

Por primera vez desde que la publicación apareciera en 1889, la revista elabora una lista de escritores jóvenes en un idioma distinto al inglés.

De ahí que todo el mundo se pregunte si la selección será tan acertada como las que hicieron otras veces para la literatura británica y estadounidense donde se incluían autores entonces poco conocidos como Martin Amis, Salman Rushdie o Jonathan Franzen.

La nueva colección, que se presentó en Londres a principios de diciembre, recoge los relatos de veintidós escritores que nacieron a partir de 1975. En principio, la fecha de nacimiento y el idioma en el que escriben son los únicos elementos que comparten estos novelistas.

Sin embargo, llama la atención la alta representación de ciertos países como Argentina (con ocho autores) o España (con seis) o el número relativamente bajo de mujeres (solo cinco). También el deseo de buscar caminos nuevos y las preocupaciones menos ideológicas de esta nueva generación.

John Freeman (director de la revista Granta, crítico literario y editor de autores como Paul Auster) y Santiago Roncagliolo (escritor peruano, guionista, periodista y autor seleccionado en la lista), nos hablan de la importancia de la aparición de este número.


¿Qué significa la nueva selección de Granta?


John Freeman – Uno de los grandes propósitos de este número es presentar a estos escritores en el mercado inglés ya que el español es un idioma que se expande por todo el mundo y faltan muchos escritores por traducir. Es cierto que de alguna forma es crear una falsa generación pero puede ser útil como punto de partida.


Santiago Roncagliolo – Cuando hay una lista de escritores es de buena educación decir que las listas no importan pero la verdad es que esta es una lista en la que quieres estar. En Granta he leído a muchos escritores que admiro pero nunca pensé que podría aparecer una historia mía porque el inglés es una lengua que traduce muy poco y siempre ha sido un poco autista respecto al resto del planeta. Es muy interesante ver que empieza a mirar hacia fuera.


¿Cuál es la percepción de los anglosajones de la literatura en español?


JF – La aparición de Roberto Bolaño en los últimos cinco años ha cambiado la idea de lo que significa ser un escritor Latinoamericano. La gente conoce a Gabriel García Márquez o Mario Vargas Llosa pero no a las nuevas generaciones de escritores. Creo que aquí se tiene una idea desfasada de la novela en español, basada en la literatura Latinoamericana de hace treinta años y de escritores de 75 años.


SR – También el español ha avanzado en su posición de referencia cultural. Antes la primera referencia era el inglés, luego el francés y el alemán. Ahora el español se encuentra mucho más presente en la cultura estadounidense y europea.


JF – En Estados Unidos es el lenguaje que se habla en la calle, en las tiendas…  El ritmo de la sintaxis y los puntos de referencia ahora forman parte de la cultura americana. En ese sentido, los escritores es español son menos extranjeros.


SR – Por nuestra parte, además, hemos crecido en un mundo inglés. Para la generación de García Márquez o Vargas Llosa el centro de la cultura era Francia pero desde los 80 el inglés es nuestra influencia más importante.


¿Quizá también el punto de vista es más similar al hablar menos de política?


SR – A veces yo sí escribo sobre política pero las cosas han cambiado mucho desde los 60 y los 70. En ese momento se esperaba que los grandes cambios sociales ocurrieran en Latinoamérica. Hoy se mira más hacia otros lugares como Oriente Próximo, Asia, China. También se han acabado las dictaduras de nuestros países y de España. Y quizá lo más importante: el papel del escritor se ha transformado. Ya no se trata de juzgar la realidad. El siglo XX fue el siglo de las ideologías pero ahora el escritor es más escéptico, no se atreve a creer de la misma manera porque sabe que al final todo se desmorona.


JF – Lo que yo creo es que algo que afecta a todos los escritores elegidos es que miran hacia el triunfo del mercado y el consumismo, que es otra forma de tiranía. En ese sentido se podría decir que también se preocupan por la política, ya que el mercado es también una estructura de poder.


SR – Otra cosa importante es que en los 90 la clase media, al menos en Latinoamérica, entró en la literatura. Los personajes son más personas pequeñas de clase media que, por cierto, es la clase a la que pertenecen también los escritores -no los campesinos u obreros que aparecían en las novelas-. De repente, les interesa más la realidad de las personas pequeñas de clase media.


¿Qué significa el Nobel de Mario Vargas Llosa para la literatura en español?


SR – Cuando le dieron el Nobel a Vargas Llosa empezaron a llamarme periodistas de todo el mundo para pedirme mi opinión sobre el premio. Fueron tantos los que me preguntaron que empecé a sentir que yo me había ganado el premio y empecé a decir cosas como “Sí, creo que merezco,… digo, que merece…”. Me parece que eso es un atisbo de que tan visibles nos hace a todos que alguien en nuestro idioma gane un Nobel.


JF – Otra cosa positiva es que Vargas Llosa haya escrito en géneros tan diversos: ficción histórica, novela que casi se podría llamar erótica, ensayo… Eso demuestra que la literatura Latino Americana no tiene que hablar solo sobre política o poder.


¿Cuáles son los elementos para una buena historia?


JF – Para mí es la intensidad. Un buen relato tiene que arriesgar y crear tensión, aunque sea con la evolución de una idea interna de un personaje. Como editor lo que me interesan son las historias que se han madurado y construido con cuidado. Hay muchos escritores eficientes en el mundo pero busco historias que solo podría escribirlas el escritor que las ha creado.


SR – Yo diría que el elemento principal son las emociones. La vida es rutinaria y no las emociones solo aparecen a veces. Una buena historia, sobre todo un relato corto, es una inyección de emociones. Puede ser misterio, alegría, tristeza, miedo pero eso es lo que te impulsa a seguir leyendo. Te permite vivir en la ficción. Luego cuando vuelves a la vida real y a la rutina, la ficción ha conseguido mejorar tu vida porque entiendes mejor el mundo y los sentimientos de la gente alrededor.



 
     
28 Julio 2017
 

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