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José María Pou: “Representar a Shakeaspeare es como nadar en un océano embravecido“

Por Ángela González

Más alto de lo que la pequeña pantalla deja entrever y con todas las tablas que dan años de libreto sin apuntador, José María Pou se descubre como un gran enamorado de Londres. De visita en la capital británica como adalid del Spanish Film Festival, el actor español que mejor pone cara a los personajes shakespearianos aún responde al nombre de inspector jefe Héctor Ferrer y confiesa que su romance con Londres “viene de largo”.

El otoño acaba de entrar en Victoria, muy cerca del Hotel Hesperia, donde cercano como pocos, el veterano actor saluda a la española, con dos besos sonoros, de patio de butacas, y comenta que nunca ha entendido “por qué con el frío que hace siempre en esta ciudad, se empeñan en poner el aire acondicionado a tope”. Claro que “con lo que se pasan con la calefacción, nunca se sabe qué es mejor”, reflexiona ya acomodado en la cafetería del hotel, con vistas a la transitada estación victoriana y a una menuda Candela Peña, que espera a ritmo de café y conversación con el resto de la troupé a que llegue su taxi.

Con maneras cosmopolitas, puntualidad adquirida a base de ensayos draconianos y prisas que marca el guión –en este caso el de sus compromisos con los asistentes al Festival de Cine Español que se ha celebrado en la capital, José María Pou espera comprensivo a que arranque la grabadora (gajes del oficio para quien descubrió la actuación por casualidad y siguiendo su vocación de trabajar como periodista radiofónico) y resume en 15 minutos su fascinación por el teatro inglés, su despertar temprano al Swing de Carnaby Street y la liberación como actor que le brindó el Rey Lear. “Muchos de los muebles de mi casa de Barcelona son comprados y traídos de Londres”, confiesa sonriente.

No se cansa de repetir en entrevistas de todo tipo su unión con Londres ¿de cuándo viene el romance?

La verdad es que desde siempre he sentido una gran curiosidad y admiración por esta ciudad: de hecho, cuando todos mis amigos y compañeros de clase soñaban con ir a Estados Unidos, yo lo hacía con conocer las calles que los autores que devoraba por aquel entonces describían: Oscar Wilde, Conan Doyle, Kipling, Shakeaspeare….Hasta que cuando tenía 16 ó 17 años hice mi primera visita. Ponte en situación, era el Londres de los sesenta, del Swing, de los hippies  y claro, el contraste con la España del momento fue monumental. Desde entonces no he perdido ninguna oportunidad de venir.

¿Se extiende este amor por la ciudad a su faceta de actor?

Aunque lo que primero me llamó fue el periodismo –quería trabajar en la radio, ser reportero, vivir el periodismo a pie de calle-, dio la casualidad de que el destino que me tocó durante el servicio militar en Madrid me dejaba todas las tardes libres. Así que decidí apuntarme a todas las asignaturas que ofrecía la Real Escuela de Arte Dramático (RESAD) relacionadas con voz, dicción, oratoria, que me servirían después para locutar.

Sin embargo, el teatro me enganchó, me convertí en actor por casualidad. Y fue precisamente en esa etapa en la que mi unión con Londres se fortaleció, empecé a venir más para ver todas las obras que podía, a aprender de los actores británicos, verdaderos monstruos de la interpretación. En aquellos años, el Teatro Nacional todavía estaba en el Old Vic. Como anécdota te confesaré que me he gastado verdaderas fortunas en exceso de equipaje, para poder traerme montañas de libros y discos que compraba en cada viaje.

Dos semanas de tus vacaciones dedicadas a conocer los patios de butacas londinenses. Si pudieras elegir un montaje de los que acabas de ver y llevártelo a España ¿cuál sería?

Acostumbro a dedicar al menos una semana de mis vacaciones a venir aquí sólo para ver teatro. De hecho, no es raro que venga sólo para pasar 24 horas, ver alguna obra y volverme a casa.

Pero respondiendo a tu pregunta, sin dudarlo ‘Todos eran mis hijos’ de Miller. Me gusta mucho la versión que ofrece el Apollo Theatre de Shaftesbury Avenue, me lo llevaría como modelo de teatro realista. También recomiendo ver cualquier obra del repertorio de la Donmar Warehouse, que desde hace 10 años se ha convertido en un auténtico sello de garantía y calidad teatral. Suyo me llevaría ahora mismo Passion, de Sondheim.  Kevin Spacey está haciendo teatro de mucha calidad en el Old Vic y no hay ninguna duda de que Denis Lasdun puso al National Theatre a la cabeza de la escena internacional.

A punto de estrenarte como director del Teatro de La Latina, dicen en los corrillos de la profesión que no sería raro que te trajeras algún musical, como los que comentabas en Calle 42…

Guardo muy buenos recuerdos del programa, y de la radio, piensa que estuvimos en antena desde 1985 hasta 2000. Me venía a todos los estrenos de musicales que se hacían en el West End y mandaba crónicas. Me quedo sin dudarlo con la época dorada del musical, con las obras que se estrenaron hacia 1985 y que marcaron un antes y un después en el género, que es ahora mucho más comercial. Ahora no se hacen montajes como aquellos del Fantasma de la Ópera, Los Miserables…

Entonces ¿qué te llevarías del West End a La Latina?

Como declaración de intenciones, sí que me gustaría llevar el musical a La Latina, que ya de por sí es un teatro muy ligado al género, interpretado desde una perspectiva más castiza. Pero no creo que sea posible hacerlo hasta dentro de por lo menos dos temporadas. Eso sí, como director sí que tengo la voluntad de hacer algo similar a lo que se ha hecho en el West End, quizás algo nuevo. Aunque he de decir que ya ha pasado la época dorada del musical y los estrenos de ahora son de menor calidad, nada que ver con aquellos de los años setenta, cuando se estrenó Jesucristo Superstar, o del estreno de Los Miserables en The Barbican en 1985. Los de ahora, después de esa época gloriosa, no me gustan tanto, la verdad.

Hablando del paso del tiempo, ya ha llovido desde que diera vida al Rey Lear en España, ¿qué supuso este encuentro con el teatro del maestro inglés?

Siempre me ha apasionado Shakeaspeare, quería interpretar todos sus personajes. Durante años, me ofrecieron los papeles de Otello, McBeth o el Próspero de la Tempestad, pero nunca podía aceptarlos por muchas ganas que tuviera porque estaba haciendo otra obra o en pleno rodaje.  Hasta que por fin llegó el Rey Lear en 2004. Este papel supuso sin duda descubrir mi libertad como actor, representar cualquier obra de Shakeapseare es como nadar en medio de un océano embravecido, son sentimientos en estado puro.

¿Por qué otro personaje del teatro inglés suspiras?

Ya no puedo hacer de Hamlet por una cuestión de edad, así que supongo que me quedo con el Próspero de la Tempestad, siguiendo con Shakeaspeare. No me pierdo ni un solo montaje shakeasperiano, sobre todo si es de la Donmar Warehouse o la Roundabout Theatre Company. Lo bueno es que ahora tenemos muchas obras de repertorio inglés en España.

De hecho, estoy preparando la adaptación de ‘Llama un inspector’ de J.B. Priestley para el National Theatre. La idea es estrenarla en diciembre de este año en Barcelona, y participaré como actor y director. Se desarrolla en una época que me apasiona, en el Londres de 1912, y estoy disfrutando mucho con todas las tareas de documentación.

Cambiando de género y aprovechando tu participación en el Spanish Film Festival ¿qué película escogerías para presentar al público inglés el mejor cine español?

Sería una decisión difícil, pero creo que ahora mismo presentaría Balada Triste de Trompeta, la última de Álex de la Iglesia. Creo que sorprendería muchísimo, como ya lo ha hecho en el Festival de Cannes. Es una revisión de la Historia de España que abarca los últimos cuarenta años y ofrece un auténtico delirio de imágenes, atrevimiento y libertad. Creo que a día de hoy, es la película que mejor puede explicar cómo es el cine español y cómo es España ahora.

Nos quedan cinco minutos y muchos años de visitas, ¿cuáles son los rincones que no dejas de visitar cuando vienes a Londres?

Me encanta callejear por Belgravia, especialmente por las zonas de Sloane Square, Chelsea y Myafair, ¡son tan inglesas! De hecho, hay un pequeño jardín al que me he venido en varias ocasiones para poder estudiar los guiones con tranquilidad, los Mount Street Gardens, cerca de Berkeley Street. Hay una pequeña iglesia y es un remanso paz en pleno centro.

También me encanta perderme por Sloane Square y he de reconocer que tengo predilección por el Cadogan Hotel. Se trata de un lugar muy ligado a la literatura, entre otras cosas por ser donde detuvieron a Oscar Wilde, y al Londres de fin de siglo XIX, que es una época que me gusta mucho.

¿Sólo de literatura se alimenta el hombre?

Hay un pub en pleno centro, en St. Martin’s Lane, cerca de la iglesia de St. Martin’s in the Fields y Trafalgar Square, hace esquina, el Salisbury… ¡Me encanta! Además, siempre cargo en mi maleta con mermelada de naranja amarga de Fortun & Mason’s y no puedo dejar de visitar las librerías especializadas, como la del National Theatre o las de Samuel French en Warren Street y Fitrovia Square, son las mejores para teatro de todo Londres.

Dan las seis y desde un campanario cercano, Little Ben (hermana pequeña de la no lejana Big Ben) no perdona. Tampoco la apretada agenda que José María Pou tiene que cumplir. Todo sonrisas y disculpas por la brevedad de la entrevista, se despide como un viejo amigo y se apresura a meterse en el taxi que espera a la entrada del hotel ya cargado con otros rostros del cine español.



 
     
26 Septiembre 2017
 

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